La salida de Marco Lavagna del INDEC reavivó la discusión sobre la credibilidad de los datos oficiales. Para Hugo Asch, no se trata de un episodio aislado ni de una interna técnica, sino de una señal política grave. "Mentir sobre algo básico para calcular toda la economía de un país es trágico y revela grietas profundas en la conducción", sostuvo en La Tucumana de Mañana, en diálogo con Gabriel Sanzano y León Torrente.
El analista comparó la situación actual con los años de intervención del organismo durante el kirchnerismo, aunque marcó diferencias de estilo. "Moreno era brutal, entraba con hachazos. Esto es más suave, pero igual de peligroso", afirmó. En ese sentido, cuestionó con dureza al ministro de Economía: "Caputo no miente, repite su realidad virtual. Miente todo el tiempo, y eso ya es casi un mérito".
Asch explicó que el conflicto se desató cuando el Gobierno decidió frenar la actualización del índice de inflación, pese a haberse comprometido a hacerlo. "Argentina mide la inflación con una canasta de consumo de hace 22 años. Te preguntan cuánto gastás en teléfono fijo o en diarios de papel. Es el pasado absoluto", ironizó. Según detalló, el nuevo método iba a arrojar una inflación mayor, y por eso fue postergado en nombre de un supuesto "proceso de desinflación" que, remarcó, "lleva diez meses subiendo sin parar".
Para el analista, el único logro que el Gobierno puede mostrar es la desaceleración inflacionaria, y ni siquiera eso resiste demasiado análisis. "Aunque te dé 240% en dos años, o 290% con otra medición, es mucho igual. Y la gente empieza a darse cuenta de que no la bajaron tanto como dicen", señaló.
Asch también advirtió sobre las consecuencias económicas de esta falta de credibilidad: caída de la inversión extranjera, retracción del consumo y del empleo. "Nadie serio va a invertir en un país cuyos datos no valen nada. Por algo la inversión extranjera es negativa", explicó, y recordó que incluso el FMI exigió dejar atrás las mediciones obsoletas.
En el plano político, relativizó la idea de un acuerdo estructural entre Sergio Massa y Javier Milei, aunque reconoció coincidencias tácticas. "Massa ayudó a Milei para sacarse de encima al PRO, pero el experimento se les fue de las manos: la ultraderecha se desayunó a todos", analizó.
Sobre el plano internacional, Asch fue igual de contundente. Alertó sobre la deriva autoritaria de Donald Trump y la comparó con experiencias históricas más oscuras. "Trump sí está en camino a parecerse a un Estado fascista, usando el aparato del Estado para perseguir gente", sostuvo, y contrastó su figura con la de otros líderes mundiales que, paradójicamente, hoy aparecen más racionales: "Al lado de Trump, Putin es un señorito inglés".
De regreso a la Argentina, cerró con una definición que sintetiza su mirada sobre el presente: "Este gobierno no tiene plan productivo, no tiene inversión, no tiene consumo. Lo único que tiene es un relato. Y cuando ese relato se empieza a caer, entra en pánico".
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