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  • Sara Mrad, a 50 años del Golpe: "Hay que amar la vida y, sobre todo, amar la vida del otro"

    En vísperas del 50° aniversario del golpe, la referente de Madres de Plaza de Mayo, Sara Mrad, repasó el inicio del horror en la provincia, denunció la reivindicación del terrorismo de Estado por parte del actual Gobierno y llamó a recuperar la solidaridad frente al individualismo.

    Foto: El Tucumano

    En una profunda entrevista concedida a Ana Pedraza y Gabriel Sanzano en La Tucumana de Mañana, la referente de Madres de Plaza de Mayo filial Tucumán, Sara Mrad, reflexionó sobre la carga histórica que representa la cuenta regresiva hacia los 50 años del último golpe de Estado. Con una mirada crítica sobre la actualidad, Mrad evitó calificar al gobierno nacional como meramente "negacionista" y fue un paso más allá al definirlo como un "reivindicador del terrorismo de Estado", argumentando que la gestión actual justifica el secuestro, la desaparición y la tortura, lo cual representa un peligro mayor para la democracia. Para la activista, esta postura oficial es la continuidad de un modelo encabezado por los grupos económicos que planificaron el exterminio en 1976 y que hoy vuelven a detentar el poder.

    La historia que relató Mrad sitúa el inicio del horror en Tucumán mucho antes de marzo de 1976, vinculándolo directamente con el Operativo Independencia iniciado en febrero de 1975 bajo un gobierno democrático. Según explicó, este proceso no fue solo una acción militar, sino una planificación civil y empresarial donde los ingenios azucareros, como Fronterita o Ledesma, prestaron sus instalaciones y vehículos para el secuestro de trabajadores. En este escenario de "democracia entre comillas", su propia familia fue alcanzada por la tragedia: su cuñado desapareció en febrero de 1975 en una ruta controlada por fuerzas federales, y su hermana Ana fue secuestrada en noviembre del mismo año en Santiago del Estero. Ante la falta de respuestas y las mentiras constantes de las autoridades, el dolor familiar comenzó a transformarse en una acción colectiva que se gestó inicialmente en el patiecito de la Iglesia Sagrado Corazón, donde las madres se reunían a rezar bajo el amparo de Monseñor Bassols.

    Aquel grupo incipiente de familiares decidió romper el silencio mediante acciones de gran impacto, como la presentación de hábeas corpus colectivos para visibilizar en los tribunales las largas colas de personas buscando a sus seres queridos. Mrad destacó el papel fundamental del Colegio de Abogados de Tucumán, entonces liderado por el Dr. Hugo Fabio, cuya hija también fue secuestrada, y rindió homenaje a profesionales que pagaron con su vida o el exilio la defensa de los trabajadores, como Julio Rodríguez Anido y Ángel Pisarello. Esta lucha, que comenzó con la búsqueda individual de un hijo o hermano, derivó en lo que las Madres denominan la "socialización de la maternidad": la decisión política de luchar por todos los desaparecidos y por el proyecto de una sociedad más justa que sus hijos defendían.

    Finalmente, Sara Mrad advirtió sobre el daño social que persiste 50 años después, señalando que el terrorismo de Estado fue eficaz en romper la red social y fomentar un individualismo que se profundizó en los años 90 y se exacerba hoy. Frente a este panorama de desmembramiento social y pobreza, la dirigente llamó a "reimplantar la palabra solidaridad" y a construir un país distinto desde el afecto por el otro. A pesar de las cinco décadas de búsqueda y lucha, Mrad concluyó con un mensaje de esperanza y vitalidad, asegurando que, aunque el motor inicial fue el dolor, las Madres han sido "felices luchando" porque han sabido amar la vida del prójimo por encima de todo.

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