En una nueva entrega de su micro radial, Gabriel Sanzano repasó la trayectoria de Zambia, un país del centro-sur de África que este martes se enfrenta a la Selección Argentina en lo que podría ser el último partido de Lionel Messi en suelo nacional. Aunque no posee una larga tradición en los mundiales, la nación africana carga con una de las historias más potentes y dolorosas del fútbol mundial: la tragedia aérea de 1993 que marcó un antes y un después en su identidad.
El 27 de abril de 1993, la selección de Zambia viajaba hacia Senegal para disputar las eliminatorias del Mundial de Estados Unidos 94, cita a la que estaban muy cerca de clasificar. Sin embargo, el avión militar en el que se trasladaban sufrió un desperfecto técnico tras una escala en Libreville (Gabón); el piloto cometió un error al intentar apagar un motor incendiado y terminó desactivando el único que funcionaba, provocando que la aeronave se estrellara en el mar a pocos metros de la costa. Murieron los 30 pasajeros, incluyendo a 18 jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y periodistas. Solo se salvaron las figuras que jugaban en Europa, como el mítico Kalusha Bwalya, quien no viajaba en ese vuelo y tuvo la tarea titánica de rearmar el equipo desde las cenizas.
Bwalya, considerado el mejor jugador de la historia de su país y recordado por haberle marcado tres goles a Italia en los Juegos Olímpicos de 1988, lideró una reconstrucción milagrosa. Aquella "Zambia resucitada" estuvo a solo un empate de clasificar al Mundial 1994 y llegó a la final de la Copa África ese mismo año, perdiendo ante la poderosa Nigeria. Con el tiempo, el dolor se transformó en mito: hoy, los restos de aquellos jugadores descansan en un sepulcro al lado del Estadio Nacional en Lusaka, y se dice que en cada partido de la selección juegan también "las 30 almas" de las víctimas.
El destino cerró el círculo de forma increíble 19 años después. En 2012, Zambia llegó a la final de la Copa África, que se disputó justamente en Libreville, a tan solo metros de donde se había producido la tragedia. Contra todos los pronósticos, el equipo, que no era favorito frente a la Costa de Marfil de Didier Drogba, se consagró campeón por penales. El entrenador de aquella gesta fue Hervé Renard, el mismo técnico que dirigió a Arabia Saudita en el Mundial 2022 y que, tras vencer a Argentina en el debut, predijo que la Scaloneta terminaría siendo campeona del mundo.
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