En La Tucumana de Tarde ya se convirtió en un clásico el "chismecito histórico" de la mano de Nina Alegret. En esta oportunidad, la columnista continuó con el repaso de las historias documentadas en el Archivo Histórico de la Provincia por la magíster Milagro García Marengo. En este caso, fue el turno de un relato de 1760: el rapto frustrado de Cándida.
La historia de Cándida surge del libro "Raptos de amor y de infamia", que analiza procesos criminales contra mujeres y adolescentes entre 1760 y 1903. Cándida era una joven huérfana que vivía bajo la tutela de su tío José. La calma familiar se rompió cuando otro pariente, Luis Villagrán (primo del tutor y también tío de la menor), comenzó a visitar la casa con una frecuencia sospechosa. Luis, de unos 30 y pico de años, pretendía a la adolescente, que en ese entonces no superaba los 15 años.
Ante las sospechas de José, Cándida comenzó a utilizar diversas tácticas para encontrarse con Luis. Repentinamente se volvió devota y pasaba horas rezando en el templo, o insistía en ir sola al río a lavar la ropa alegando que "le daba vergüenza cantar frente a otros". El centro de operaciones de la pareja era la casa de doña Gerónima Castro, una parienta que enseñaba costura y que oficiaba de cómplice de los encuentros.
Uno de los detalles más curiosos del caso fue el sistema de mensajería. Como Luis y Cándida eran analfabetos, utilizaban a un muchacho quesero que bajaba de Tafí del Valle. Este joven, alfabetizado por los jesuitas, entregaba las cartas de Luis a Cándida. En una de las misivas que se conservan en el expediente, Luis le escribía: "Cándida, sobrina de mi corazón y de mi alma... no temáis que Dios nos ha de favorecer".
El conflicto escaló cuando el tío José expulsó a Luis de Tucumán bajo amenaza de denuncia. Instalado en Salta, Luis planificó el rapto de su sobrina con la ayuda de dos cómplices. Hubo al menos tres intentos fallidos de escape. En el último de ellos, Cándida demostró su astucia al enviarle una advertencia a Luis para que se escondiera de la justicia: "Si lo pillan, dirá que anda campeando un caballo que se le perdió".
Finalmente, la justicia intervino y detuvo a Luis Villagrán por intento de rapto de una menor. En el juicio, doña Gerónima confesó todo y delató al quesero de Tafí. A pesar del escándalo, las penas fueron leves debido a la "pobreza de los acusados": el ayudante de Luis fue desterrado, mientras que el tío Luis solo recibió ocho días de cárcel. Para proteger la honra de la joven, su tío José solicitó que su nombre no figurara en las actas oficiales, un secreto que se mantuvo hasta que las investigaciones modernas hallaron la carta personal que reveló su identidad.






