Romina Ponce dialogó con Ana Pedraza y Gabriel Sanzano en el programa emitido por FM latucumana 95.9 para explicar los alcances de "Escena", un nuevo espacio artístico pensado para personas neurodivergentes.
Durante la entrevista, la docente e investigadora puntualizó que el término neurodiversidad se utiliza para evitar conceptos que patologizan la condición de las personas, ya que "pensar en lo anormal implica la anormalidad". Ponce señaló que, si bien todos procesamos estímulos de forma diferente, las personas neurodivergentes enfrentan desafíos cotidianos en las normas sociales y la vida cultural que para otros son imperceptibles. El proyecto está enfocado específicamente en adolescentes y jóvenes de hasta 24 años, un grupo que suele tener pocas opciones recreativas en comparación con las infancias. Al respecto, la directora teatral advirtió que "si se acaba la infancia se acaba el juego y si se acaba el juego se acaban las oportunidades".
La iniciativa funciona bajo la órbita de la Fundación para el Desarrollo de las Artes Escénicas (Fundae) y su nombre es un acrónimo que define su misión: Espacio para la Socialización, Contención y Emancipación de personas Neurodivergentes. Ponce explicó que, a través de dinámicas teatrales, se busca ensayar vínculos sociales y prácticas afectivas para luego "salir a escena" en la vida misma. "El arte va a ser el camino y la amistad y la inclusión va a ser el destino", afirmó la docente en FM latucumana 95.9. El espacio se encuentra ubicado en la calle 9 de Julio 613, en el Barrio Sur de la capital tucumana.
Sobre la situación actual de la sociedad, Ponce analizó que, aunque se ha avanzado en el plano discursivo y en la aceptación de los términos de inclusión, todavía falta reflejar ese progreso en la práctica cotidiana. Destacó que las mayores dificultades aparecen cuando los desafíos no son visibles a simple vista, como ocurre con muchas personas neurodivergentes que pueden bloquearse en situaciones comunes como realizar un trámite, pagar en un supermercado o entender un código social en el colectivo. Por este motivo, el acceso al espacio requiere de una entrevista previa con las familias para conocer los intereses particulares y las pasiones de cada joven. Este encuentro no funciona como una instancia de admisión excluyente, sino como una forma de detectar qué estímulos pueden dañar al participante y qué temas le apasionan para trabajar desde su propia singularidad.






