En un recorrido por el microcentro tucumano, La Tucumana de Mañana constató el delicado panorama de las panaderías familiares tras el reciente aumento del 5% sugerido para el sector. A pesar de que la Cámara de Industriales Panaderos fijó un precio de referencia de hasta $4.200 el kilo, los comercios de barrio intentan sostener valores más accesibles (alrededor de $2.500) para evitar una parálisis total de la demanda. Según explicaron los propios comerciantes, las materias primas y la bizcochería sufrieron subas del 30%, un costo que resulta imposible trasladar al público sin perder la poca clientela habitual.
La retracción del consumo se refleja de manera directa en los números cotidianos: de comerciar entre 5 y 10 kilos de pan por día, las ventas se desplomaron a tan solo 3 kilos diarios. A este escenario se suma el cambio en las pautas de compra, donde los vecinos ya no adquieren por kilo sino por montos fijos de $1.000 o apenas dos pancitos. Sin embargo, el mayor ahogo proviene del costo de los servicios públicos, con facturas de luz que alcanzan un promedio de $800.000 mensuales, lo que obliga a los propietarios a ingresar en planes de refinanciación en tres cuotas y a arrastrar deudas con tarjetas de crédito.
Para evitar el cierre definitivo, los emprendedores debieron diversificar el negocio e incorporar la venta de café al paso para los trabajadores de la zona, al tiempo que redujeron el volumen de stock. Asimismo, remarcaron la compleja realidad social del entorno, donde diariamente regalan la mercadería sobrante del día a vecinos en situación de vulnerabilidad que se acercan a solicitar alimento.





